logo foro ibero-ideas
institucionalforomisceláneaanunciosreseñascontáctenos



Discusión sobre: ¿De la Historia conceptual a la filosofía política?

 

iberoideas ¿De la Historia conceptual a la filosofía política?   2008-07-30 23:05:11.0
   

Respuestas

Edgar Comentario a S Chignola "Historia de los conceptos, historia constitucional y filosofía política" (Res publica, 11-12, 2003, pp. 27-67)
2008-07-30 23:27:08.0
   

I.

 

En el presente texto Sandro Chignola nos propone un racconto de la recepción de la historia de los conceptos en Italia. El punto de partida viene dado, no obstante, por una presentación de la posición R Koselleck, los problemas que emergen de su caracterización y algunas de las objeciones que se le han dirigido a su concepción de la Begriffsgeschichte.

Uno de los problemas que salen a la luz a partir de las ‘etapas’ de la historia conceptual (HC) esbozadas por Koselleck –y el hilo rojo del artículo- es que ésta pretende ser un “instrumento de reconstrucción de los usos históricos concretos del vocabulario político” para lo cual no sólo tiene que aclarar el significado que para nosotros cobran los conceptos políticos, sino que además -y esta es otra problemática- se le torna necesario elaborar una teoría de la historia y del concepto que caiga fuera de los presupuestos historicistas. Desde tal punto de vista el concepto de “léxico político” ni posee un núcleo inmodificable a través de las distintas ‘representaciones’, ni coincide su historia con la cronología natural.

 

 

El origen de la atención italiana hacia la historia constitucional y la historia conceptual, nos relata Chignola en la segunda parte, está relacionado con la traducción y estudio de autores como O Brunner, O Hintze y R Koselleck. Particularmente relevante resulta la recepción de la historiografía de Hintze que viene a revitalizar la ciencia histórico-política al introducir una noción histórica de desarrollo que, combinada con la metodología weberiana, hacer posible una generalización histórica y no sólo típico-ideal. El otro elemento vivificador es la asunción de la complejidad del fenómeno estatal moderno. Hintze elabora una ciencia que enlaza tanto motivos internos y factores externos, elementos sociales, culturales y políticos, como estructuras constitucionales y prácticas administrativas (44). Queda de tal modo al descubierto la imposibilidad de aislar el pensamiento de las condiciones materiales en las que se había producido, así como de prescindir de las configuraciones que el propio pensamiento contribuye a producir (45).

 

En Italia esto fue recogido sobre todo por P Schiera y sus colaboradores en Trento; éste entiende que el eje de la reconstrucción de los procesos de la estatalidad ha de ponerse en la conexión entre ciencia, política y constitución. Justo por ello, enfoca su investigación en la relación entre sociedad y Estado, “en la realidad de la mediación histórica y en la regulación política” de dicha relación (46). Chignola señala que en esta perspectiva, al admitirse la vinculación entre aceleración de la experiencia histórica y reconfiguración de los aparatos con­ceptuales de un lado, y, de otro, la relación “material” entre saberes y prácticas de gobierno, los conceptos no podrán ya asumir elementos atemporales o permanentes, ni voces singulares de un léxico político, ni tampoco ser reducidos a términos puramente lógicos (48). La clave de la reconstrucción conceptual viene dada aquí por el “nexo constitucional de política, saber y práctica de gobierno, sobre el que se despliega y temporaliza el sistema político”. Por ello, señala Chignola, historiograficamente los conceptos “no pueden ser aislados unos de otros, ni separados de los discursos políticos a cuya complejidad han contribuido” (48).

En esta perspectiva la HC efectúa una interpretación que aclara las conexiones y categorías del problema político, a la vez que rearticula este problema según “tiempos y modalidades derivados de la central referencia a la constitución”(50). Precisamente por ello, no tiende a autonomizar la dimensión conceptual de los discursos filosófico-políticos, ni de los procesos histórico-sociales. En este sentido está subordinada al análisis histórico-social y tiene un rol meramente propedéutico respecto de una reconstrucción más estricta del contexto de referencia. En definitiva, sostiene Chignola, esta perspectiva cuyo objetivo último es una historización cuidada del pensamiento y una reconstrucción más precisa, típico-ideal, de la experiencia constitucional del Estado moderno”, posee una filiación directa con el modelo de Koselleck y trata de excluir, por la herencia weberiana de éste, una segunda versión más interpretativa de historia conceptual.

 

 

 

La clave reconstructiva de la recepción que el propio Chignola pone en juego en el escrito que estamos comentando, parece venir señalada por el dictum de librarse de los presupuestos objetivistas weberianos que tanto Koselleck como esta primera recepción italiana de la Begriffsgeschichte abrigan. Estos puntos de vista comparten -a su entender- tanto la atención a la matriz histórico-constitucional como el “weberianismo implícito en una teoría de la historia que pretende reconstruir el tipo ideal de la historia constitucional occidental”(49). Con esto se refiere al papel que juega la “pre-conceptualidad” o “anticipación teórica” (Vorgriff) weberiana [posteriormente tematizada por éste como Wertfreiheit], la cual, por un lado, resulta necesaria como instancia previa de construcción de los tipos ideales, pues en la aclaración histórica de los conceptos se reformulan enunciados del pasado y se ponen “lingüísticamente” a la vista para nosotros situaciones y relaciones de ese pasado (Koselleck, “Historia conceptual e historia social”). Y, por otro lado, viene a posibilitar la integración de los planos sincrónico y diacrónico en el análisis conceptual. Sin ella, sin la hipótesis histórica que debemos verificar -sostiene Chignola-, no existi­ría ni siquiera historia (34).

 

Para la propuesta metodológica de Koselleck esto significa que la HC tiene necesariamente que partir, en primer lugar, de una anticipación teórica fuerte, lo cual conlleva un interés determinado y una significación orien­tada hacia el presente; y en segundo lugar, tiene que “centrarse en aquel poroso tiempo colectivo en que se produce el desequilibrio histórico-genético entre espacio de experiencia y horizonte de expectativa”(35). La teoría de la transición o sustitución -surgida de este desequilibrio o cesura- “interpreta el papel de Vorgriff teórico que permite llevar a cabo, a través de la historia de los conceptos, la recomposición de la historiografía como ciencia”(37).

 

 

II.

 

Por el peso de tal herencia, sostiene Chignola, esta perspectiva histórico-constitucional rechaza una versión más interpretativa de historia conceptual. Con ello se refiere a las elaboraciones del Grupo de investigación de los conceptos políticos modernos dirigido por G. Duso en Padua, del cual el propio Chignola es parte. Esta segunda dirección en la investigación italiana, desde una perspectiva más filosófica, ve la HC como el resultado no de una elección metodológica previa, sino de la vinculación entre una “genealogía” que reconstruye los “aparatos y órdenes lógicos fundamentales de las categorías políticas modernas” y la imposibilidad de convertir estas categorías en esquemas universales y objetivos, que pueden extraer regularidades de los conceptos y de los modos de experiencia (52).

Lejos de pretender proporcionar un mapa de los conceptos fundamentales estableciendo las líneas históricas de su desarrollo, asume la necesidad de reconstruir históricamente los conceptos políticos modernos, con lo cual se rompe la continuidad de los procesos de transformación de los elementos y estructuras del léxico político. Se trata antes bien de una “instancia de crítica y desconstrucción”, la cual –partiendo de la hipótesis de la historicidad específica de los conceptos políticos modernos que permite denunciar su universalidad y objetividad- pone de manifiesto genealógicamente lo que tales conceptos son: un “proceso de sustancialización de los constructos lógicos de la ciencia moderna” (53). De este modo parece conseguir en un mismo movimiento temporalizar los conceptos y categorías y situar históricamente el momento de conformación del dispositivo que les da origen, ed, determinar el alcance y el principio organizativo del “horizonte conceptual global” (Duso).

Consecuente con esto, los autores de esta línea critican a la Begriffsgeschichte koselleckiana, en primer lugar, su falta de radicalidad metodológica pues se apoya en una ciencia histórica (Historik) que encuentra su fundamento en categorías metahistóricas. En segundo lugar, le critican asumir el presupuesto de que los conceptos, aún cuando contienen una historia, no tienen historia. Lo cual le impide, en última instancia, aceptar que existe una “historia del concepto”, pues ésta implica tanto el tiempo histórico como una “identidad” racional del concepto que cambia; lo cual resulta inaceptable para la HC. De modo que, en lugar de criticar y descomponer el dispositivo teórico de la modernidad, sigue anclada a tal sistema de referencia y acaba proyectándolo a horizontes no modernos.

Con estas críticas y el correspondiente desplazamiento teórico (abandono de la forma del léxico, del anclaje en la historia social y de la teoría del proceso de conmutación), Chignola cree se elimina por completo el weberianismo de fondo del modelo koselleckano. Esto debe entenderse en el sentido de que, por un lado, el sistema de conceptos de la ciencia política moderna no se corresponde con ninguna realidad inmediata o sociológica; la ‘realidad’ es una construcción “teórica precisa”. Por otro lado, se refiere a la “eliminación genealógica de la atemporalidad de los conceptos” lo cual –dice- “los torna históricos y los expone a su vez a la investigación genealógica”(57). Desde entonces, sin embargo, el problema será la parcialidad o especificidad de las categorías políticas modernas y el valor de la crítica que es posible realizar desde ellas después de renunciar a su universalidad.

Esta línea de la Begriffsgeschichte pone en funcionamiento entonces un programa propio; se encamina a investigar, en primer lugar, la ubicación temporal de la separación (Trennung) entre lo antiguo y lo moderno y las condiciones que la han producido; se procede en esto a una “retrodatación” (Chignola) de la Sattelzeit entre tiempos históricos, al señalar la importancia que poseen la filosofía moral y política del mecanicismo y las teorías del contrato social en el surgimiento de una nueva “fundación epistemológica”, la cual se encuentran en el “origen de las constelaciones de conceptos políticos modernos”(62-3). En lo que hace al léxico político, la tarea es ahora analizar el dispositivo lógico común a los conceptos singulares, ed, el “horizonte de sentido de la modernidad” y la “modalidad por medio de la cual este dispositivo lógico de las categorías y los conceptos [...] sigue condicionando la aproximación a la pregunta filosófica por la acción política”. (58-9)

En segundo lugar, esta versión de HC se orienta a problematizar la “ideologización del pensamiento que trasforma los conceptos en elementos aptos para organizar la realidad”(64), criticando una relación prescriptiva entre teoría y praxis característicamente moderna. Intenta asimismo rehabilitar el problema filosófico de lo político a través de una crítica al “sistema lógico de los conceptos modernos”. Más aún respecto de léxico política afirma la “coincidencia de la historia de los conceptos con la filosofía política”.

Por último, las consecuencias metodológicas que se extraen de todo esto, se refieren, en primer lugar, a que no podemos universalizar las categorías políticas modernas si pretendemos “acceder” al pensamiento u horizonte de sentido antiguo; y en segundo lugar, a que las fuentes investigadas tiene que reducirse a los autores y textos de mayor densidad teórica que han “cristalizado con mayor fuerza el flujo constituyente de la teoría política moderna”(66).

 

 

III.

 

Quisiera plantear ahora algunas preguntas:

a) En relación a estas dos consecuencias metodológicas: cómo garantizar, para el conocimiento del horizonte moderno de pensamiento, nuestra oposición a la “hegemonía silenciosa que el cuadro categorial de la ciencia política moderna ejerce sobre todo el pensamiento”. Y la elección de este tipo de fuentes, no está presuponiendo el funcionamiento efectivo del dispositivo moderno, por caso la relación prescriptiva entre teoría y praxis, aún antes de la formación de dicho dispositivo.

b) En lo que respecta a la “cesura” que abre la modernidad y a al modo que proponen de investigarla, cabe señalar que la contraposición de “horizontes de sentido recíprocamente intraducibles” que plantea tal fractura no sólo presupone la existencia de horizontes cerrado (Nietzsche), lo cual deja sin explicar cómo es que podemos entendernos y traducir desde otros idiomas, sino que además reabre la cuestión de cómo es posible desplazarse a tales horizontes y criticarlos internamente. Incluso podemos preguntar qué nos habilita a pensar que estamos aún inmersos en el horizonte teórico general de la modernidad y que justo por ello tal dispositivo determina los conceptos que hoy usamos.

c) Para terminar, como compatibilizar la pretendida “radical problematización del presente” con el que estemos inscritos en el horizonte que inaugura la modernidad y que aún nos alcance su principio de organización. Y qué significa la afirmación de Chignola de que la premisa antihistoricista puesta en juego aquí opera “con plena conciencia de las condiciones que el presente imponen sobre el modo de pensar ..” Qué cuestionamiento podría arrogarse no sólo problematizar ‘radicalmente’ el presente sino además asumir una premisa que opera “con plena conciencia de las condiciones que el presente imponen”.

Edgar Rufinetti

 




Para escribir un comentario tienes que estar registrado al foro.
Ingresa con tu usuario y contraseña.

  Nombre de usuario:
  Password:
 
Si aún no eres usuario del foro reguístrate AQUI

© Foro ibero-ideas