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Discusión sobre: Pocock. Historia intelectual: un estado del arte

 

iberoideas Pocock. Historia intelectual: un estado del arte   2007-11-17 00:26:52.0
   

Respuestas

Andrea Comentario al texto de Pocock
2007-12-14 20:08:11.0
   Comentario a J. G. A. Pocock: ?Historia intelectual: un estado del arte? Prismas, Revista de Historia intelectual, Nº 5, 2001, pp. 145-173 En el presente artículo J. G. A. Pocock señala la transformación que experimentó la historia intelectual con respecto a la historia de las ideas plasmándolo en su trabajo sobre la historia del discurso político en Inglaterra, Escocia y Estados Unidos, entre la Revolución Inglesa de 1688 y la Revolución Francesa de 1789. Transformación que define como ?un apartamiento de la insistencia en la historia del pensamiento (y de manera aún más marcada, ?de las ideas?), para hacer hincapié en algo bastante diferente, para lo cual ?historia del habla? o ?historia del discurso?, aunque no dejan de ser problemáticas y no son irreprochables, quizá sean la mejor terminología encontrada hasta ahora? (pp.145-146). Este desplazamiento hacia la historia del habla supone una reconfiguración del objeto de estudio y trae aparejado una ?revolución historiográfica? representada por la llamada ?Escuela de Cambridge? a la cual pertenece. La nueva historiografía supone hacer hincapié, por un lado, en la diversidad de jergas y lenguajes y, por otro, en los participantes de la discusión en cuanto actores históricos. De esta manera, emerge una historia de actores que enuncian y discuten en un contexto lingüístico común aunque diverso. En esta perspectiva ubica a Q. Skinner del cual destaca dos de los objetivos que presentaba al investigador: el primero, la importancia de recuperar las intenciones que el autor llevaba a la práctica en su texto y, el segundo, los medios para saber qué ?hacía? un autor al escribir o publicar un texto. Más allá de las objeciones que se le hicieron a Skinner, lo que Pocock recupera es la apertura de una nueva visión desde la cual abordar una historiografía del pensamiento político. Esta historia del pensamiento político se convierte en una historia del habla y del discurso, en la que se rescatan tanto el lenguaje del autor como sus intenciones, al ubicar a las paroles del autor en un universo de langues que le dan significación, y donde la atención se centra en la ejecución, en lo que ?hacía? el autor, que incluye una serie abierta de efectos. Por lo cual, el historiador deberá establecer en qué lenguajes o dialectos se enunció un discurso. Deberá determinar el origen de los dialectos que puede ser variado y, por ello, diverso en su contenido y carácter. También deberá establecer cómo cada uno de estos lenguajes ejerce un tipo de fuerza paradigmática, las cuales pueden ser diversas. En consecuencia, la práctica del historiador, para Pocock, es la de ?aprender a leer y reconocer los diversos dialectos del discurso político que eran accesibles en la cultura y en el momento que estudiamos? (p. 152). Este proceso de aprendizaje, dice Pocock, es primeramente una familiarización, sin embargo, el historiador no es pasivo en el momento de lectura sino que se convierte en un ?detective? convalidando y formulando hipótesis sobre los lenguajes, momento en el cual debe enfrentarse a los problemas de la interpretación, el sesgo ideológico y el círculo hermenéutico. El historiador debe buscar pruebas para sostener que determinados lenguajes estaban al alcance de los autores estudiados, como se relacionan con el conjunto de autores que actuaron en ese medio y el conjunto de actos que le atribuye haber ejecutado (p. 152). De esta manera, el historiador se enfrenta al problema de la interpretación en cuanto estudia lenguajes al fin de leerlos, pero no para hablarlos. Esto es, que el historiador aprende lenguajes, pero su lenguaje no será éste, sino que se tratará de otro lenguaje, uno capaz de ser hipotetizante y predictivo. Su lenguaje, entonces, es un metalenguaje, un tipo ideal de lenguaje, es decir, un modelo que le permite hacer exploraciones y experimentos. Este lenguaje le posibilita desarrollar su investigación en dos direcciones, por un lado, hacia los contextos en los cuales se enunció el lenguaje y, por otro, hacia los actos de habla y enunciación realizados en ese contexto. El contexto es cada uno de los dialectos de los cuales puede estar compuesto un texto, es decir, una manera de hablar que prescribe qué puede decirse y que precede y puede sobrevivir al acto de habla. El lenguaje es tanto una materia prescripta de hablar como una materia prescripta para el discurso político. Esto significa que cada contexto de lenguaje indica un contexto político, social o histórico. Por lo cual, Pocock afirma que el discurso político es práctico y responde a necesidades presentes que no son inmediatamente accesibles para el historiador, pero no por ello son inaccesibles. El lenguaje utilizado por los actores presenta una tensión entre la convención y la innovación del uso lingüístico, tensión que el historiador debe desentrañar. El historiador debe describir la situación práctica del autor, esto es, las presiones, coacciones y estímulos bajo los cuales se encontraba o creía encontrase el autor y la situación lingüística que emana de estas coacciones y oportunidades impuestas al autor por el lenguaje. En este sentido, el historiador puede ver la ?movida? que el autor efectúa dentro del contexto en el que se ubica, movida que no necesariamente es un uso novedoso del lenguaje, sino que puede ser la propuesta de un uso lingüístico de su sociedad. Así, el historiador indaga de qué manera esa movida reconfigura las posibilidades lingüísticas al alcance del autor y quiénes usan ese mismo lenguaje, lo que posibilita responder a qué hacía el autor. Pocock insiste en la distinción entre la historia del discurso y la historia de la conciencia del autor. Hablar de los efectos que produjo un discurso implica establecer una relación entre el desempeño del autor y la respuesta del lector. La historia del discurso es la que se interesa por los actos de habla, cómo llegan a hacerse conocidos y a suscitar una respuesta y cómo éstas se convierten en nuevos actos de habla. De esta manera al historiador se le presenta el texto de un autor, con cierta finalidad, ubicable en contextos suministrados por el lenguaje y la experiencia del autor, lo cual le permite estipular qué ?hizo? hasta el momento de completarlo, cuáles eran sus intenciones, sus movidas e innovaciones y exponer qué ?había hecho? hasta ese punto. Sin embargo, preguntar qué ?hacía? implica dar una respuesta sólo posible en la medida que se considere qué hizo el autor a otros y a los lenguajes que ambas partes desarrollaban en su discurso. Lo que significa un desplazamiento desde el autor al lector, pero a un lector considerado como autor. El lector puede cumplir cada uno de los actos de habla presentes en el texto, de manera no idéntica a la prevista por el autor y efectuar nuevos actos de habla, realizar contramovidas y contrainnovaciones. La historia del discurso, para Pocock, se asemeja a la historia de traditio, esto es, transmisión y traducción. Los textos compuestos de estructuras lingüísticas estables y de actos de habla e innovaciones -en otras palabras, de langues y de paroles- son transmitidos y reiterados por actores no idénticos en contextos históricos compartidos y por actores en contextos históricamente diferenciados (p. 162). En este sentido, lo que el autor ?hace? es la continuación y modificación del cumplimiento de una diversidad de actos de habla en una diversidad de contextos indefinidos. El texto como realizador de un acto de comunicación en un continuum de discurso que implica a otros actores. El historiador debe estudiar esos continua si quiere entender las acciones y respuestas, las innovaciones y sucesos, los cambios y los procesos que constituyen la historia del discurso. Por lo cual, la actividad del historiador para Pocock, consiste en una exploración de un artificio sincrónicamente existente y su aparición y actuación como un continuum de proceder diacrónico. En síntesis, Pocock describe las actividades que debe realizar un historiador si quiere emprender una historia del discurso político. Actividades que consisten en determinar los actos de habla y enunciados pronunciados por un autor y los contextos en los cuales se enunció. El texto permite establecer lo que ?hizo? el autor hasta ese momento, sin embargo, la investigación histórica del discurso no debe clausurarse en esta instancia, por el contrario, debe indagar en lo que ?hacía? el autor y esto es sólo posible teniendo en cuenta los efectos que produce el texto. El texto trasciende al autor, el acto de habla llevado a cabo por el autor establece con el lector una relación dialógica en la cual el lector se convierte en autor, generando nuevos actos de habla. El aporte de Pocock a la nueva historia intelectual es la visión del autor como un actor histórico; su escritura es acción, un acto de habla, que producirá una serie de efectos no previsibles. La actividad del historiador, por tanto, es comprender el significado del texto tanto en el contexto en el que emerge como en los diversos contextos con los que se relaciona. Andrea Torrano


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