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Discusión sobre: Koselleck. Relación entre historia conceptual e historia social

 

iberoideas Koselleck. Relación entre historia conceptual e historia social   2007-09-09 01:17:23.0
   

Respuestas

Edgar Una aproximación a Historia conceptual e historia social de R Koselleck.
2007-09-10 02:31:45.0
    El escrito que aquí comentamos abre la segunda parte del libro (Sobre la teoría y el método de la determinación del tiempo histórico) y resulta, como el propio Koselleck aclara, una autorreflexión teórico metodológica del trabajo de redacción del diccionario Geschichtliche Grudbegriffe. Koselleck aborda en este artículo la relación que se da entre historia conceptual (HC) e historia social (HS). No podemos dejar de señalar que el autor inscribe esta cuestión en la tradición que reflexiona sobre la relación entre palabra y cosa, conciencia y ser, lenguaje y mundo. Sin embargo, toma distancia de estos planteamientos y pretende romper estas ingenuas oposiciones. Tras señalar que las relaciones entre HC e HS son complejas y no pueden derivarse simplemente de una diferenciación de estas disciplinas en términos de ámbitos objetuales, intenta una clarificación de tales relaciones en tres planos o niveles. En términos generales podemos decir que en un primer nivel Koselleck analiza el grado de utilidad que reporta para la HC un análisis sincrónico como el histórico-filológico aplicado a términos político-sociales relevantes y los aportes que la HC así concebida conlleva para la HS. Aún cuando el método histórico-crítico deja sin responder cuestiones relacionadas con lo que hace a la estructura social, nos permite ver cuales son las “diferentes capas de la economía de la experiencia de la época que entran en la frase”(108). Para esto hay que pasar, sin embargo, del análisis textual a la “clasificación histórica de los conceptos” allí presentes. Y en este sentido los conceptos resultan “indicios” o índices de las luchas histórico sociales. Por otro lado, Koselleck señala que lucha por los conceptos “adecuados” tiene que alcanzar actualidad política y social para que resulte relevante como expresión de las luchas políticas (ver M Richter, “Reconstructing the History of Political Languages”). De estos desarrollos extrae Koselleck una exigencia metodológica mínima: “investigar los conflictos políticos y sociales del pasado en el medio de la limitación conceptual de su época y en la autocomprensión del uso del lenguaje que hicieron las partes interesadas en el pasado”(111). Resulta entonces que la HC es ante todo, en este plano, un método para la crítica de las fuentes, pero que en tanto atiende y analiza los usos de términos y expresiones política y socialmente relevantes, se convierte en una parte integrante de la HS. Y ello porque en la aclaración histórica de los conceptos se reformulan enunciados del pasado y se ponen a la vista para nosotros (“en su formulación lingüística”) las situaciones y relaciones del pasado de una manera más comprensible. En el segundo nivel, aborda lo que señala como el método propio de la HC, un análisis diacrónico de los conceptos, que si bien la autonomiza respecto de la HS (pues prescinde sistemáticamente de contenidos extralingüísticos) significa para ésta una contribución importante. Y ello, señala Koselleck, porque sólo diacrónicamente se puede percibir “la permanencia y la fuerza de validez de un concepto social o político junto con las estructuras que le corresponden”(113-4). La HC en tanto permite ordenar los conceptos de acuerdo a la permanencia, el cambio y la novedad de los significados, conduce a una “articulación profunda de nuevos significados” que sólo resultan relevantes histórica y socialmente si se ha realzado de forma independiente la historia del concepto. Sin embargo, esta restricción metódica del análisis a la historia del concepto exige una fundamentación que diferencie ‘palabra’ y ‘concepto’. Prosiguiendo el desarrollo de Gadamer en este sentido, Koselleck, señala que los conceptos sociales y políticos contienen una “concreta pretensión de generalidad y son siempre polisémicos”(116). Ambos se nutren en principio del contexto de uso, de la situación social, pero mientras una palabra al ser usada “puede hacerse unívoca”, un concepto tiene que mantener su polisemia para poder ser concepto. Pues una palabra llega a concepto si “la totalidad de un contexto de experiencia y significado sociopolítico, en el que se usa y para el que se usa una palabra, pasa a formar parte globalmente de esa única palabra”(117; ver Gadamer “La historia del concepto como filosofía”) En este sentido un concepto no sólo es un “indicio” de los contextos sociales y políticos que reúne, sino además un “factor” de estos contextos; constituye horizontes pero también “límites para la experiencia posible y para la teoría concebible”(118). Sin embargo, con esta autonomización la HC acaba concibiendo la historia como aquello ya “conceptualizado”; su tema acaba siendo “la convergencia entre concepto e historia”. Lo cual genera no pocos inconvenientes y dificultades, pues entre concepto y “estado de cosas” existe una tensión que no acaba de resolverse. Como remedio a tales dificultades Koselleck insiste en que la investigación de un concepto no tiene que efectuarse sólo en términos “semasiológicos” sino que además hay que proceder “onomasiológicamente”, es decir, tienen que clasificarse las diferentes denominaciones para los estados de cosas con el objeto de apreciar cómo se ha formado el concepto. Ahora bien, con el cambio hacia cuestiones onomasiológicas la HC tiende a la “historia de los hechos”. Esto es, aunque siga su propio método la HC no tienen su fin en sí misma; en tanto proporciona índices y factores a la HS “puede definirse como una parte metódicamente autónoma de la investigación en HS. Finalmente, analiza la relación entre HC e HS en el plano de las premisas teóricas que suponen y de las pretensiones teóricas que comportan. A través de la conjunción entre análisis sincrónico y diacrónico la HC logra tematizar lo que la HS aborda como estructura y sus trasformaciones; de este modo aparece como condición para las cuestiones de HS, pues la permanencia de las palabras no son indicio suficiente de que hayan permanecido los estados de cosas y, al revés, porque las modificaciones de éstos pueden concebirse desde expresiones diferentes. Apoyada en esta alternancia metódica, la HC clarificar también los diferentes niveles de los significados que proceden de distintas épocas, con lo cual va más allá de esta doble mirada “remitiendo más bien a la simultaneidad de lo anacrónico, que puede estar contenida en un concepto”(123). En esto puede verse -señala Koselleck- la premisa teórica con la que trabaja la HC: “armonizar y comparar la permanencia y el cambio” en el medio del lenguaje, reflejando así premisas teóricas que también tienen que cumplirse en la HS. De este modo, por la posibilidad de generalización que contienen los conceptos, se convierten para el historiador social en “categorías formales que se ponen como condiciones de la historia posible”(124). Señalemos por último que la HC, en tanto clarifica la diferencia entre la conceptualidad antigua y la actual, aborda la zona de convergencia (y de fusión?) en la que el pasado y sus conceptos repercute sobre los conceptos actuales. Pero para ello necesita de una teoría, pues sin ella “no podría concebir lo que hay de común y de diferente en el tiempo”(124). En este sentido acota Koselleck que con el doble movimiento de ampliar conceptos posteriores a épocas anteriores o extender conceptos anteriores a fenómenos posteriores, “se ponen -al menos hipotéticamente- en el ámbito de los objetos los elementos mínimos comunes”(125). Y es por ello que la HS al investigar estructuras a largo plazo no puede dejar de lado las premisas teóricas provenientes de la HC.


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