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Discusión sobre: Villacañas / Oncina: Introducción a la historia conceptual

 

iberoideas Villacañas / Oncina: Introducción a la historia conceptual   2007-08-15 02:32:42.0
   

Respuestas

Verónica Comentario al primer apartado de la "Introducción" de José María Villacañas y Faustino Oncina a Historia y Hermenéutica.
2007-08-15 02:37:07.0
   

Primera parte

 

Antes de comenzar el análisis del artículo de José María Villacañas y Faustino Oncina, creemos que es oportuno señalar que tal artículo fue publicado como introducción a la traducción castellana de las conferencias pronunciadas por Koselleck y Gadamer con motivo del 85º cumpleaños de este último. Tales conferencias –publicadas en castellano con el título "Historia y Hermenéutica"- tuvieron por objeto principal el examen de las continuidades y tensiones existentes entre la Histórica - esto es, la teoría acerca de las condiciones de posibilidad tanto de la experiencia histórica como de su representación - y la Hermenéutica.

Sin dejar de sugerir un posicionamiento con respecto al debate, los autores del texto introductorio, eluden un abordaje directo del mismo, en una primera instancia, para ubicar, antes que nada, la obra de Koselleck en el marco de la tradición de la Begriffsgeschichte y resaltar, a partir de tal contextualización, los aportes del historiador a dicha tradición. El punto de arranque lo constituye una Begriffsgeschichte filosófica en tensa relación y progresivo alejamiento con respecto a la herencia hegeliana. La Begriffsgeschichte filosófica recuperaría la problemática de la relación de la filosofía con su propia historia pero para enfatizar, contra Hegel, los momentos extralógicos de los conceptos. Estos no serían reductibles, en ningún caso, a su contenido lógico, sino remitidos necesariamente a la práctica del discurso, los contextos tradiciones de uso o la dimensión imaginativa del ser humano. De Rothacker y Ritter (se hace referencia fundamentalmente al Archivo para una historia conceptual, promovido en los 50 por Rothacker, y al Historisches Wörterbuch der Philosophie, coordinado por Ritter), pasando por Lübbe y su importante libro de 1965 (Secularización. Historia de un concepto), a Gadamer y Blumenberg, los autores parecen establecer una línea de progresiva problematización en torno a la esencial indeterminación de los conceptos. Aunque sin abandonar dos supuestos que son presentados como limitaciones intrínsecas de la histórica de los conceptos filosófica (esto es, una concepción autónoma – y por ende vetusta, según los autores- de la filosofía y un interés eminentemente teórico como determinante de la empresa de reconstrucción histórica), ésta renunciaría paulatinamente a su pretensión de ser una propedéutica epistemológica, empeñada en esclarecer nuestras herramientas conceptuales, para asumir, con la metaforología de Blumenberg, el carácter irreductible a la lógica de las metáforas, y con la hermenéutica gadameriana, el carácter irrebasable de las imbricaciones históricas de los conceptos y su arraigo en el lenguaje cotidiano.

A partir de estos dos autores, quedaría superada, según Villacañas y Oncina, la pretensión de la historia de los conceptos tradicional de definir y acopiar conceptos químicamente puros. Tanto en el caso de la hermenéutica como en el de la metaforología, la mirara teórica se dirigiría, antes que a la depuración escolar de los conceptos, a explorar las conexiones del lenguaje con el mundo de la vida, con el entorno ecológico por el cual, según la metáfora de la "Introducción" son coloreados inevitablemente los conceptos. Como enfatiza Gadamer en su discusión con la Problemgeschichte de tradición neokantiana, siendo el lenguaje la primera interpretación global del mundo, no existe ningún suelo sólido y neutro a partir del cual alcanzar elementos universales de toda experiencia posible ni construir un lenguaje unívoco.

 

Señalamos a continuación algunos puntos que consideramos que sería interesante discutir a partir del texto introductorio de Villacaña y Oncina:

Con respecto a la Begriffsgeschichte filosófica:

     

  • Sería importante considerar el sentido progresivo en que son presentadas las diversas contribuciones a la misma desde Rothacker a Gadamer.
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  • En tanto los autores no se detienen en ese punto, resultaría necesario intentar clarificar las diferencias entre la metaforología de Blumemberg y la hermenéutica gadameriana.
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  • Dada la importante influencia de la hermenéutica en la obra de Koselleck, sería conveniente analizar el enlace que Gadamer realiza entre la historia conceptual y la hermenéutica. Se podría consultar para esto su texto de 1970 "La historia del concepto como filosofía", en: Verdad y Método II, Sígueme, Salamanca, 1992, pp. 81 – 93.
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  • Sería conveniente discutir en qué medida es posible, y cuáles son los límites para ello, vincular la Begriffsgeschichte filosófica con la herencia hegeliana. Para ello habría que tener en cuenta, además de la atención de la historia conceptual filosófica a los aspectos extralógicos de los conceptos, los aportes de E. Palti con respecto a los diferentes umbrales históricos en cuanto a la conceptualización del sujeto. Ver: "El ‘retorno del sujeto’. Subjetividad historia y contingencia en el pensamiento moderno", en Prismas. Revista de historia intelectual, nº 7, 2003.).
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  • Otro punto a discutir sería en qué medida y cómo, si es que esto es así, estos autores, más allá de cuestionar el carácter unívoco de los conceptos, sostienen la posibilidad de un sentido y, por ende, suponen la existencia de alguna instancia dadora de sentido.
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(En el curso de esta semana serán colgados los comentarios a la segunda y tercera parte del texto tratado)



Verónica Comentario a la II y III parte de la Introducción de José María Villacañas y Faustino Oncina a Historia y Hermenéutica.
2007-08-22 03:26:17.0
   

Comentario a la Introducción de José María Villacañas y Faustino Oncina a Historia y Hermenéutica.

 

 

 

Segunda y Tercera parte

 

 

Antes de comenzar con el análisis de la obra de Koselleck, Villacañas y Oncina repasan brevemente otros modos en que ha sido pensada la relación entre los conceptos y la historia. Distinguen la Begriffsgeschichte koselleckiana tanto del historicismo propio de la Geistesgeschichte como de la búsqueda de “unit ideas” promovida por el estadounidense Lovejoy. Como alternativa extrema a la excesiva desatención de la Geistesgechichte con respecto a las relaciones de poder y el arraigo social del lenguaje, los autores refieren al Manual de conceptos político – sociales fundamentales en Francia 1680 – 1820, coordinado por R. Reichardt y E. Schmitt. Por otra parte, y ante la no problematización de Lovejoy de la mediación lingüística de las ideas, se alude a la escuela de Cambridge. Se trata, como señalan los autores, de una forma diferente a la propuesta por la tradición hermenéutica -dentro de la cual queda inscripto Koselleck, por lo menos en este aspecto-, de dar cuenta de la centralidad del lenguaje. El déficit de la obra de Skinner y Pocock se encontraría justamente en la incapacidad de estos autores para ver los compromisos hermenéuticos de su propio enfoque, basado en la filosofía analítica.

 

 

En lo que atañe específicamente al análisis de la obra de Koselleck, distinguiremos tres momentos del comentario de Villacañas y Oncina. Se analiza en un principio la problemática relación que existe entre historia conceptual e historia social, o entre la dimensión lingüística y la historia efectiva, en la obra de Koselleck. A raíz de la intención de Koselleck de ligar la historia conceptual con el ámbito disciplinar histórico y social, se hace referencia a las tensiones entre historia conceptual y hermenéutica en lo que hace a la posición frente al texto. Las diferencias de Koselleck con respecto a la hermenéutica volverán a aparecer en un segundo momento, cuando Oncina y Villacañas indaguen acerca de las premisas teóricas, tematizadas por la Histórica, que sostienen la convergencia entre estos dos ámbitos -ámbitos que en una primera instancia deben funcionar con independencia- en una semántica histórica. Finalmente el comentario introductorio concluye con una especulación acerca de la intencionalidad práctica del proyecto de una historia de los conceptos y de su relación con una teoría de la modernidad.

 

 

I- Como punto de partida los autores enfatizan el carácter político que, según la obra de Koselleck, tienen los conceptos y sistemas filosóficos. Este hecho coloca ya a la historia conceptual historiográfica en una posición de superioridad con respecto a la historia conceptual filosófica puesto que lleva a una problematización de las concepciones autónomas de la filosofía y a una tematización de los intereses prácticos en juego en toda reconstrucción histórica.

Pero no por esto se desdibujan los límites entre la historia conceptual y la historia social. En tanto los conceptos, a diferencia de las palabras, no sólo son registros de los contextos que engloban, sino también factores suyos, la historia de los conceptos no puede ser pensada directamente como historia social. Por el contrario, puesto que los conceptos articulan o instauran lingüísticamente diversas realidades, de tal manera que la pluralidad de experiencia histórica que reúnen sólo se hace experimentable por ellos, la historia de los conceptos proporciona siempre cierta información que no podría ser extraída del análisis objetivo (pp. 21 y 31 - 32). Así, si bien ningún concepto puede ser pensado sino como concepto político, su función semántica no es reducible en ningún caso a los hechos sociales y políticos a los que se refieren. De este hecho se sigue la necesidad de prescindir metodológicamente de todo contenido extralingüístico a la hora de realizar la historia de un concepto.

Pero no sólo en tanto factores los conceptos resultan irreductible a su presente histórico. Además de articular unidades de acción, de abrir horizontes de expectativa novedosos, esto es, además de hacer presente una dimensión de futuro, los conceptos traen al presente también una experiencia pasada. Es decir, no son factores sino en tanto que son además índices de elementos del pasado que persisten condicionando toda experiencia presente. Así, la articulación diacrónica de un concepto permitiría captar la permanencia, el cambio y la novedad en cuanto a su significado, y descubrir, de este modo, variaciones de estructuras a largo plazo.

Ahora bien, si para procurar información acerca de tales transformaciones estructurales, decíamos antes, la historia conceptual debe trabajar con independencia de la historia social, sus resultados deben ser cotejados posteriormente con los contenidos extralingüísticos de la historia social. En tanto que el estado de cosas extralingüístico, nunca es idéntico a su propia formulación conceptual, una semántica histórica capaz de estudiar todas las dimensiones de sentido -tanto las lingüísticas como las extralingüísticas-, debería contrastar el tempo rápido de los conceptos con el tempo lento de las estructuras sociales (pp. 32 –33).

En su acepción historiográfica, entonces, la semántica histórica supone la convergencia entre la historia conceptual y la historia social. Su función es destacar las diferentes dimensiones temporales de la historia, los ajustes y desajustes entre las estructuras objetivas de la Historia social y los significados conceptuales de las luchas políticas. Puesto que, señala Koselleck, si bien no puede escribirse la historia prescindiendo de las autoarticulaciones lingüísticas de aquellos que actúan según se dice en las fuentes, “el lenguaje y el estado de cosas sociopolítico coinciden de forma distinta a como pueden percibirlo los propios hablantes.” (Futuro Pasado p. 208).

De tal voluntad de la semántica histórica de trascender el plano discursivo, hacia un estado de cosas que rebasa la dimensión textual, se sigue su desacuerdo con respecto a la hermenéutica. Es justamente la actitud frente al texto, lo que diferencia la Begriffsgeschichte filosófica de Gadamer de su comprensión historiográfica en Koselleck. Puesto que, mientras aquél atribuye al texto una posición irrebasable y prístina, Koselleck se sirve de los textos como testimonios que informan acerca de una realidad extratextual (p.29). Según lo señalan los autores, tal posicionamiento de Koselleck ante el texto se deriva del sentido que éste atribuye a la tarea teórica: dirigirse “a la intervención en el mundo, a la producción de efectos responsables de naturaleza política” (íbid.) 

 

 

II- Pero la historia conceptual no reclama autonomía frente a la historia social en un plano meramente metodológico, sino que lo hace también en tanto tiene una pretensión genuinamente teórica. Tal pretensión consiste en determinar aquellas categorías formales que hacen posibles historias tanto en el plano de la experiencia como en el de su representación. La Begriffsgeschichte se encontraría, según Koselleck, en una situación de privilegio para tematizar tales estructuras formales de la temporalidad -sin cuya clarificación, por otra parte, no puede cumplirse una historia social que refiera a hechos históricos- puesto que la historia de un concepto no sólo permite visualizar la permanencia, el cambio y la novedad de los significados de las palabras sino, también, reconocer la diversidad de significados que pueden estar simultáneamente presentes en un concepto pero que proceden de épocas cronológicamente diferentes. De esta forma, en tanto la Begriffsgeschichte remite a la simultaneidad de lo anacrónico – en otras palabras, a lo que Koselleck llama profundidad semántica de un concepto, en función de la cual ciertas experiencias del pasado siguen activas en el presente y ciertas anticipaciones de futuro determinan la experiencia actual-, la misma se constituiría en una especie de propedéutica para una teoría científica de la historia o Histórica.

Tal teoría avanza hacia el reconocimiento de que la forma en que los hombres viven la historia y la cuentan depende del modo en que comprenden el tiempo, para buscar luego ciertas categorías formales a partir de las cuales sea posible pensar la diversidad y heterogeneidad de los tiempos históricos. A tal efecto, Koselleck se remite a una interpretación antropológica del Dasein heidegeriano, mas para rebasar rápidamente las determinaciones de la finitud y de la historicidad en tanto considera insuficiente al análisis existencial para deducir a partir de él las estructuras temporales intersubjetivas de la historia. Éstas deben inducirse, por el contrario, a partir de la propia experiencia histórica. “Espacio de experiencia” y “Horizonte de expectativa”, “amigo” y enemigo”, “exterior” e “interior” son algunas de las categorías formales a las que apela Koselleck a la hora de determinar estos trascendentales de historias.

Tales categorías hacen referencia, por otra parte, a supuestos que no se agotan en el lenguaje. Las mismas inducen o provocan textos y acciones y, por ende, podrían revestir el carácter de a prioris en un sentido kantiano, según el mismo Koselleck sugiere. En esta trascendentalización de la Histórica que la coloca en una relación anterioridad con respecto tanto a la producción como a la interpretación de textos radica, justamente, una de las claves de la disputa de autor con la hermenéutica gadameriana.

 

 

III- Pero si a partir de la autorreflexión de la historia conceptual podría perfilarse una Histórica, la posibilidad de tematizar tales categorías formales no parecen ser independiente de la propia experiencia de la modernidad. Tanto el progreso tecnológico como la apertura de nuevos horizontes geográficos, alejan progresivamente, desde comienzos de la modernidad, el horizonte de expectativa de las experiencias acumuladas hasta entonces. Tal “aceleración” del tiempo, determinada por el cambio rápido de las estructuras, despoja a la historia, según señala Koselleck, de su antigua función de magistra vitae pero abre, al mismo tiempo, la posibilidad de una reflexión metahistórica acerca de la historia. El pensamiento histórico, replegado sobre sí mismo, puede pensar ahora, las mismas formas vacías de la temporalidad. En este sentido, señalan Villacañas y Oncina, la Histórica, en tanto teoría de la historia, resulta inseparable de una experiencia histórica concreta.

Pero la Histórica tiene, además, un rendimiento práctico preciso. A partir de sus categorías formales más importantes -espacio de experiencia y horizonte de expectativa- la Histórica es capaz de detectar el núcleo común del historicismo y de las perspectivas utópicas -la separación entre las distintas dimensiones temporales: pasado, presente y futuro, que llevan a considerar al pasado como desvinculado del presente y que posibilitan proyecciones sin anclaje alguno en las estructuras que condicionan el presente- y se propone concebir, a la vez, un vínculo entre el pasado, el presente y el futuro que haga pensable una nueva figura de la historia como magista vitae.

Presentamos a continuación una serie de puntos y preguntas que consideramos interesantes para trabajos y discutir:

 

 

-         Clarificar las diferencias que existen entre las “ideas”, tal como las entiende la historia de las ideas de Lovejoy, y el concepto de “concepto” que propone Koselleck.

-         Establecer en qué sentido la historia de los conceptos propuesta por Koselleck, si bien asume a partir del concepto de concepto la tradición hermenéutica, se diferencia de ella.

-         Especificar cuál es la relación que se establece en el texto entre: historia conceptual, historia social e Histórica.

-         A partir de la idea de modernidad que es presentada en el texto, indagar acerca del posicionamiento de Koselleck en relación a la disputa acerca del problema de la secularización. A tal efecto, sería importante profundizar analizando sobre todo la herencia schmittiana en Koselleck.

-         Determinar cuáles son las relaciones que posible establecer entre la modernidad y la Historia conceptual.

-         ¿Es posible establecer una distinción a partir del pensamiento de Koselleck, tal como sugieren Oncina y Villacañas, entre una genuina ilustración que asume la contingencia de la existencia temporal y el ocultamiento de tal descubrimiento en las teodiceas de la historia propias de la filosofías del siglo XIX?

-         La historia conceptual diluye las categorías en su uso para mostrar la imposibilidad de objetividad categorial en las ciencias sociales ¿Cómo se liga esto con la trascendentalización de la historia?

-         ¿En que sentido habría que entender la afirmación de Oncina y Villacañas acerca de los aportes de la semántica histórica a la producción de una retórica política racionalmente persuasiva? ¿Cómo se liga este problema político con el problema epistémico de la comprensión y de la traducción de los conceptos?




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