logo foro ibero-ideas
institucionalmisceláneaanunciosreseñasseminarioscontáctenos



Discusión sobre: ¿La voz de la Nación? de Érika Pani

 

elias ¿La voz de la Nación? de Érika Pani   2007-05-24 23:06:50.0
   

En este texto Pani hace un recorrido por la legislación electoral mexicana del siglo XIX y los mecabismos de representación con el objeto de tratar de comprender cómo se concibió entonces allí el sistema político y las relaciones entre el poder y la sociedad civil.

Érika Pani es profresora del CIDE, México. Es autora de Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los imperialistas. (México: El Colegio del México / Instituto Mora, 2001) y El Segundo Imperio.Pasado de usos múltiples (México: F.C.E., 2004).

Respuestas

elias Comentario de Cath Andrews al texto de Erika Pani
2007-05-30 23:47:13.0
   En este texto, Erika Pani se interroga sobre las diferentes maneras en las que las constituciones y las leyes constitucionales mexicanas del siglo XIX intentaron crear un sistema de gobierno representativo “eficiente”. Se concentra en dos aspectos específicos de este proceso: la definición de la ciudadanía (el representado) y la construcción de las instituciones representativas (el representante). En su examen de estos temas, busca rastrear el imaginario político en que se sustentaba la elaboración del sistema; en concreto, las formas en que los políticos concebían a la nación y, sus opiniones en torno a la cuestión de cómo representarla mejor en el gobierno. Pani empieza señalando la naturaleza novedosa y revolucionaria de esta tarea para los políticos mexicanos del siglo XIX; pues, el fin del gobierno colonial en México no sólo un simple resquicio en el poder, sino también un vacío de legitimidad. Es un comentario que merece ser resaltado. Por mi parte, creo que buena parte de la historia política del siglo se desprende del análisis de cómo abordaron las nuevas clases gobernantes el reto de establecer un gobierno cuya legitimidad fuera tan incuestionable como la de la monarquía española. Es cierto que la idea de la representación política vino a llenar este hueco sin mucha oposición, pero el hecho de que este principio admitía diferentes interpretaciones significaba que su materialización en las instituciones de gobierno fue motivo de desacuerdo y debate. Además, como Pani observa en este texto, tenemos que reconocer que la construcción del gobierno representativo en México hizo “frente a problemas y desafíos inesperados y apremiantes que exigían respuestas inmediatas”. Es decir que los mexicanos adaptaron e interpretaron las ideas en torno al gobierno representativo según las exigencias de las circunstancias cambiantes, al igual que los norteamericanos, los franceses y los otros países del ex imperio español. El gobierno representativo, en otras palabras, tenía definiciones distintas en diferentes partes. No debemos adoptar a un modelo como el “correcto”, para luego compararlo con la versión mexicana; y, de esta manera, encontrarle y criticarle sus “defectos”. Una de las dificultades que enfrentaban los arquitectos del sistema representativo en México, afirma Pani (citando a su vez a Elías Palti), se derivaba del hecho de que un gobierno fundado en este principio era sumamente frágil; pues, siempre estaba “sujeto a ser destruido por el derecho legítimo de la insurrección”. De modo que “la representación debía servir como mecanismo de legitimación a la vez de gobierno, para desincentivar el recurso al legítimo pero ilegal “pronunciamiento” en defensa de la soberanía agredida”. Sin embargo, no desarrolla este argumento en gran detalle. Es cierto que Pani se propone estudiar exclusivamente la legislación constitucional y electoral en su trabajo, y el espacio disponible es reducido; pero, creo que su argumento se beneficiaría de un examen de los debates que surgían en torno a cómo reglamentar el derecho de petición para que excluyera expresamente los planes militares, por ejemplo. Desde luego, esta discusión abarcó cuestiones profundas de la naturaleza de la representación, que desde mi punto de vista, son relevantes para el trabajo de Pani; pues, los militares no fueron los únicos que pretendían competir con el gobierno por la representación de la voluntad nacional. Hay que recordar que existieron diversos planes que no fueron encabezados o suscritos por los militares. La pregunta parecía ser: ¿el derecho de petición era exclusivamente individual, o, se podía también ejercer en grupo? Es interesante anotar, además, que el flanco débil de los gobiernos representativos era el poder ejecutivo. El poder legislativo nacional, en contraste, fue una institución muy estable durante todo el periodo en cuestión. Fueron contadas las ocasiones en las que un Congreso General no cumplió cabalmente su periodo de sesiones (como cuando Santa Anna lo cerró por la fuerza en 1834 por ejemplo); y, muy rara vez fueron anuladas las elecciones al Congreso (como en 1833 por el Plan de Zavaleta). De hecho, fue mucho más común que el Congreso se encargara de legitimar los pronunciamientos a través de una votación en su seno. Por lo tanto, es igualmente posible argumentar que el gobierno representativo en México también se mostró muy resistente ante los conflictos políticos cotidianos. Como punto final, añado que, aunque me parece que el estudio de Pani es muy completo en cuanto a su análisis de las constituciones nacionales, creo que también sería relevante abrir su enfoque al examen de las constituciones estatales del primer y segundo federalismos. Además de sus definiciones de ciudadanía, las constituciones ofrecen varias interpretaciones en torno a la cuestión de cómo representar la nación en el gobierno. En cuanto a las primeras constituciones de la década de los 1820, se podrían destacar los códigos de Coahuila y Texas así como el de Tamaulipas que propusieron la elección directa para los tres poderes; los de Nuevo León y San Luis Potosí que encargaron a los ayuntamientos la tarea de elegir el poder ejecutivo; y, los de Puebla, Veracruz y Yucatán en los que los poderes judiciales y ejecutivos fueron electos por los congresos. Su contemporaneidad demuestra claramente cómo podrían existir muchas interpretaciones de la idea del gobierno representativo a la vez, y aparentemente, en armonía. Catherine Andrews Universidad Autónoma de Tamaulipas

elias Respuesta de Érika Pani al comentario de Cath Andrews
2007-06-13 17:00:39.0
   Mucho agradezco a Catherine Andrews su atenta lectura y agudos comentarios. Creo que al plantear los temas del derecho de petición y de la representatividad del Presidente subraya problemáticas centrales para la construcción del gobierno representativo en el México decimonónico. Por un lado, los debates en torno a la reglamentación del derecho de petición ilustran los intentos de la clase política por estructurar la relación entre representantes y representados, una vez que estos han cumplido con la tarea de depositar el voto en la urna. No obstante, la petición ?o la ?representación,? como también se le llama en la época? nos remite a la súplica del súbdito al soberano, a un universo y a un lenguaje de protección y prebendas más que de derechos. ¿Qué sucede cuando quién eleva la petición es quién detenta parte de la soberanía, y el interpelado, teóricamente, su representante? ¿Cómo se pensó el vínculo entre ciudadano y gobierno, entre gobierno y ?opinión pública,? fuera del espacio de las elecciones? ¿Cómo se constituyen, y cómo se transforman a lo largo del siglo, la representación y el pronunciamiento, como instrumentos de intervención en la cosa pública? Andrews además apunta dos elementos que sugieren la complejidad y riqueza del asunto: la pretensión de excluir a los militares, y la disyuntiva que planteaba el considerar si las colectividades podían también gozar de este derecho. Por otro lado, Andrews alude a la estabilidad del poder legislativo a lo largo del periodo, para apuntar, con toda razón, que el problema de una representación ?ineficiente? concernía menos a diputados y senadores que al ejecutivo. Hace falta entonces explorar las normas con las cuáles se elegía al presidente, para tener una idea más clara de las relaciones que, según los artífices del Estado mexicano, debían ligar al poder público con la sociedad. Lo mismo puede decirse de la diversidad de esquemas de representación que se plantean, durante la primera república, en las constituciones estatales, campo, además aún poco explorado. Los comentarios de Cath Andrews contribuirán, por lo tanto, de manera importante a enriquecer la versión final de este trabajo.

elias Respuesta de Marcela Ternavasio al texto de Érika Pani
2007-06-21 03:30:11.0
   

Mi intervención en este debate se va a centrar en dos cuestiones de las tantas que abre el trabajo de Erika Pani y que merecerían mayores comentarios.

La primera. Entre los dilemas que abrió la representación política en México durante la primera mitad del siglo XIX, Erika decide poner el énfasis (en este trabajo) en los debates desarrollados acerca de la definición del universo representado. En esta dirección, el trabajo proporciona un minucioso y rico análisis sobre los criterios que circularon en torno a la definición del mundo elector y concluye admitiendo que los intentos de restringir el voto según criterios censatarios fracasaron. Además de admitir la  ausencia de catastros y censos capaces de establecer algún tipo de discriminación en el ejercicio del sufragio, me pregunto si esos “fracasos” no fueron también el producto de la percepción de que la mayor amenaza a la gobernabilidad política no provenía del mundo elector sino del universo de representantes. Esto es, de las disputas intraelite, donde se ponían en juego divisiones vinculadas a la cuestión territorial –un problema mencionado en el trabajo- y a la distribución del poder –lo que involucraba la división de poderes. 

Segunda cuestión. Más allá del papel que le otorguemos a los conflictos por la distribución del poder en el interior de la elite gobernante, coincido con el comentario de Catherine Andrews acerca de que el flanco más débil residía en el poder ejecutivo y no en el legislativo. En este punto me parece oportuno inscribir el problema en un contexto más amplio que el de la historia de México, ya que –creo- constituye un dato común no sólo para todo Hispanoamérica sino para todo gobierno republicano. Ya sabemos de los dilemas planteados al respecto por Benjamín Constant al señalar los problemas derivados de la ausencia de un criterio hereditario para la designación del ejecutivo. A ese argumento debemos agregar el dato –también conocido- de que el poder ejecutivo no podía invocar de igual manera que el legislativo la legitimidad derivada de una representación fundada en la soberanía popular. Tal como había reconocido Madison, la rama legislativa era más poderosa que cualquiera de las otras dos, puesto que estaba “más cerca del pueblo” y constituía el último recurso de legitimidad de un gobierno republicano. Sobre la desigualdad intrínseca entre poder legislativo y ejecutivo pueden ser útiles para este debate las reflexiones de Pierre Manent (Historia del pensamiento liberal, Buenos Aires, Emecé, 1990), cuando señala  que existe una diferencia de dignidad política entre ambas ramas puesto que la legitimidad política moderna se funda en la representación y que el terreno “natural” de la representación nacional es el cuerpo legislativo. El poder ejecutivo, en cambio, deriva de él y está subordinado a él pues es su instrumento. La existencia del ejecutivo se debe más a las necesidades de la vida social y política que a su dignidad intrínseca y su consistencia e importancia son más “de hecho” que “de derecho”. Desde esta perspectiva, la legitimidad del ejecutivo será siempre insegura y por esta razón se convierte en el flanco más débil y a la vez amenazante.

 

Coincido, pues, con Erika en su respuesta a Catherine sobre la necesidad de explorar las normas por las cuales se elegía al presidente. Pero tal vez esa exploración pueda ser más fértil si la inscribimos en los distintos significados y dimensiones que asumió la idea de “concentrar el poder” durante el siglo XIX.

 

 

 




Para escribir un comentario tienes que estar registrado al foro.
Ingresa con tu usuario y contraseña.

  Nombre de usuario:
  Password:
 
Si aún no eres usuario del foro reguístrate AQUI

© Foro ibero-ideas